lunes, noviembre 20, 2017

La voz de la minoría

Después de muchas demoras, Green Day volvió a presentarse en Argentina. Punk para todos los gustos y edades, a cargo de este trío californiano.



Lo temporal es un factor que siempre generó curiosidad. ¿Cómo es que tantas agrupaciones visitan el país y una con tanta demanda se hace rogar?. Tras la llegada en aquel concierto de Parque Sarmiento en 1998, recién volvieron con una presentación en Costanera doce años más tarde. Ahora, arribaron a Vélez (el primero en Estadio propiamente dicho) con otros siete años de demora. La explicación radicaría en su ¿fiaca? para moverse fuera del territorio estadounidense (y más aún si tienen que ir al hemisferio sur). Eso cobra sentido si repasamos que visitaron un país vecino como México sólo en cuatro ocasiones.

El espectáculo comenzó antes de los primeros acordes. "Bohemian Rhapsody" sonó entera y se repitió la secuencia de todo el tour, con la audiencia siguiéndola. A continuación "Blitzkrieg Bop" y "Así habló Zaratustra" dieron lugar a la salida del grupo.



Apareció Tre Cool primero, secundado por sus compañeros. Enseguida, la batería dio inicio a un tema ideal para empezar una batalla: "Know your enemy" se hizo presente y la euforia encontró un catalizador. Hubo tiempo para que un fan cante y le coma la boca al frontman. Luego siguieron con "Bang Bang" y "Revolution Radio", para meterse de lleno en el último trabajo de la banda. Enseguida, una sucesión de temas que incluyó a "Holiday" y "Boulevard of Broken Dreams" metió a los no-fanáticos nuevamente en carrera. "Longwiew" permitió otro contacto con los fans: una chica subió, besó al cantante y esbozó parte de la canción.

Como en las otras veces que pisaron el país, no dejaron que los hits borraran de la lista a los temas de los inicios. Aparecieron "2000 Light Years Away", "Armatage Shanks", "F.O.D.", "Scattered" y el celebrado "Hitchin' a Ride". Billy Joe no se cansó de recordarle a la audiencia cada una de sus sensaciones. Por más trilladas que se oyeran, eran bien recibidas. Resonaron algunas como "Vivan aquí hoy, no más selfies” y "No más políticos mentirosos, esto no es una reunión política, es una celebración sobre el amor”.

"Waiting", "She" y "Minority" fueron parte de esa catarata de hits que seguía fluyendo. En "Knowledge" subió otro espectador, tras un intento fallido y rápidamente descartado. Juan no sólo tocó y cantó, sino que se llevó la guitarra que el líder de Green Day le había prestado. Una mezcla de envidia y alegría invadió a la gente, que se ponía en el lugar del afortunado seguidor y celebraba.



A todo esto, la pantalla de fondo seguía cumpliendo su parte e iba mutando según los climas de las canciones. La energía inagotable de Tre Cool iba de la mano del sólido sonido de Mike Dirnt en el bajo. Ese tandem tan fresco como ajustado representa el alma de la banda. Acompañando también se hacía sentir la colaboración de Jason White en la guitarra, ostentando el claro status de cuarto miembro del grupo (que se hizo oficial en un documental hace unos años).

Con "Basket Case", un medley y las recientes "Still Breathing" y "Forever Now" se cerró el concierto. Por supuesto, hubo lugar para previsibles bises: las movilizantes "American Idiot" y "Jesus of Suburbia" y las reflexivas "21 Guns" y "Good Ridance". A esa altura, sólo quedaba el cantante y los otros miembros llegaron sobre el cierre para acompañar la despedida.

Se fue otra vez Green Day dejando una estela explosiva, una parva de hits, baladas y fundamentalmente buenas canciones. Si nos basamos en la efusividad expuesta, deberíamos esperarlos pronto de nuevo. Pero lo más prudente será mentalizarse para otro largo período. Are We The Waiting.

jueves, octubre 12, 2017

Sólo porque sí

El 20 de diciembre de 1989, en pleno colapso de la URSS (que los dejaba como única potencia en pie), el ejército de EE.UU. invadió Panamá con el pretexto de agarrar a Manuel Noriega, un milico que gobernaba de facto. Como en todos los casos de este tipo, el fulano había colaborado estrechamente con la CIA y los yanquis lo usaron hasta que dejó de resultarles útil. Ahí, en nombre de la democracia y los derechos humanos, desplegaron sus fuerzas para sacarlo del medio. Lo curioso fue el nombre de la operación. La llamaron "Just Cause" (Causa justa), pero sonaba igual que "Just 'cause" (abreviatura de "because") que se leería como "Sólo porque sí".


¿Las víctimas? 3000 panameños muertos y otros 20.000 que se quedaron sin hogar, peones de los distintos partidos de ajedrez que Estados Unidos juega con el resto del mundo. La excusa fue por vínculos del dictador con el narcotráfico, relaciones que en la tierra de Trump conocían perfectamente y avalaron hasta ese día. La realidad es que querían anular tratados firmados sobre el Canal de Panamá, así como les resultaba más cómodo poner a otro en su lugar y manejarlo. 

El martes, en las eliminatorias de CONCACAF, Panamá logró ganarle con un gol inexistente a Costa Rica. Y aprovechando la derrota de EE.UU. (que lo había goleado 4-0 unos días antes) se metió en Rusia 2018, su primer mundial. Aunque los del Tío Sam van a quejarse del tanto que no fue y pretenden entrar por escritorio. Como el nene malcriado que son, que no tolera que le digan que no. 

Pese a eso, no irán a la Copa. 29 años después, en la mismísima Rusia, la cenicienta de CONCACAF saboreará una pequeña revancha y los gringos deberán mirarlo por TV. 

Tal vez, desde un canal de Panamá.

In the name of gol

La cuarta visita de U2 a la Argentina comenzó entreverada con el fútbol, pasión nacional por excelencia. Pero los de Dublin no se quedaron atrás

La noticia recorrió las redes sociales con velocidad. La resignación que miles portaban sabiendo que asistir a ver a U2 los condenaba a no poder saber el destino de la selección comandada por Messi encontraba un sosiego: los irlandeses habían aceptado salir a escena más tarde. Todo para que estos sudamericanos enajenados pudieran darle rienda suelta a uno de sus ritos paganos.


Pasada la euforia, la banda no dio lugar al festejo. Terminó el partido, se apagaron las luces y "Sunday Bloody Sunday" se hizo presente. A diferencia del impacto negativo en el inicio del encuentro deportivo, acá el arranque fue con un golpe a favor.




Ese gran comienzo se vio reafirmado con "New Year's Day", "Bad" (guiño a Bowie) y "Pride (In the name of love)". Terminados los preparativos, la gran pantalla se hizo presente a partir del comienzo de "The Joshua Three". El disco sonó entero, en el orden correspondiente y de forma fresca, dinámica. Aparentando mucho menos de los 30 años que acusa y con mensajes firmes que hoy se torna necesario repetir.


Algunas de las particularidades de ese rato fueron la primera mención a Messi (antes de comenzar dicho set), la aparición de "Stand by me" tras "I Still Haven't Found What I'm Looking For" y algunos coqueteos reversionando "Bullet the Blue Sky" y "Exit". El disco (obviamente) se cerró con "Mothers of the Disappeared", canción que por conocidas razones (y acciones) cobra un  significado muy especial en estas tierras. Las pantallas, con mujeres de mirada firme sosteniendo velas, era bastante elocuente respecto a intenciones y declamaciones.




Concluído este acto, salieron a despabilar con un combo demoledor. La tierna "Beautiful Day" vino acompañada de dos hits potentes como "Elevation" y "Vertigo" que dejaron indiferentes a muy pocos. El nuevo single, "You're the Best Thing About Me" permitió identificar a los fanáticos entre quienes sabían la letra de esta melodía alegre.

"Ultraviolet (Light My Way)" fue la antesala del final, con imágenes de mujeres "destacadas" de todo ámbito y lugar del mundo. Selección discutible si las hay (Hubo desde guiños a Argentina con Mercedes Sosa, Susana Trimarco, Evita y María Elena Walsh hasta fotos de Merkel, Hillary, Bachellet y La Madre Teresa de Calcuta). Independientemente de las coincidencias ideológicas (es difícil terminar de tenerlas ante alguien tan "politicamente correcto" como Bono), el mensaje llegó a destino. Y vino bien recordar la valía y coraje de las mujeres en un contexto nacional tan marcado por femicidios y violencia de género.


El cierre estuvo a cargo de una emocionante versión de "One", que aún es capaz de tocar fibras con su simpleza. La voz del cantante aún estaba en condiciones a esa altura de hacerle honores a tremenda pieza y el resultado no pudo ser mejor. Y si a eso le sumamos la solidez de Adam Clayton en el bajo, la contundente sobriedad de Larry Mullen Jr. en la batería y la guitarra de The Edge dibujando arco iris sonoros a cada paso, un mal show sólo podía hacerse presente en una dimensión paralela.




Se fue el primero de los dos shows de U2 versión 2017. Volvió la iluminación, comenzó a cantar John Lennon y hubo que volver a casa. De a poco fuimos recordando a Messi: era ese que Bono insistió en tributar durante el recital, aunque el que generaba los gritos era él.

miércoles, septiembre 20, 2017

Las prolongadas superficies de Federico Moura

"Prolongaré mi sonido azul, por los parlantes te iré a buscar..."

El 20 de septiembre de 1987 salía a la venta "Superficies de placer", sexto trabajo de estudio de Virus. Con el tiempo, cobraría otra entidad, al ser el último disco de Federico Moura. Estuvo precedido por un 1986 intenso, donde la banda no grabó ninguna placa pero editó "Virus Vivo", producto de sus shows en Obras. Además, tuvo una intensa actividad en di
recto. 



Las grabaciones empezaron en Río de Janeiro abril y se extendieron hasta julio. Todos viajaron con sus familias, convirtiendo el trabajo en una mezcla de placer y obligaciones. Pero estas últimas fueron mayores dado que Federico comenzó a tener una fiebre intensa que no desaparecía. Zoca, la pareja brasileña de Charly García, fue quien sugirió que se hiciera un test de HIV. El cantante de Virus presentía que las cosas no estaban del todo bien, pero cumplió con el formalismo de someterse a los testeos, que dieron positivo. El plan relajado en tierras afines para los Moura (descendientes de portugueses y habituales visitantes de playas brasileñas) se oscureció. Los músicos grabaron como pudieron, las letras se completaron más tarde y el enfermo cantó al final, con el esfuerzo que eso conllevaba. Sin embargo los presentes coincidieron en el poder de su voz. Federico se fusionó intimamente con las canciones y dejó su impronta en ella, cargándolas de dramatismo, urgencia, pasión y glamour.

El artista plástico argentino Daniel Melgarejo fue quien diseñó la famosa tapa del culo, generando así la controversia. Todos preguntaron a quién pertenecía esa cola, que representaba la superficie de placer. La banda, inteligente, jamás dio pistas.

Pese a que se afirma que la placa "no tuvo hits", hoy sobreviven piezas reconocidas como "Mirada speed", "Polvos de una relación" (una reflexión sobre las relaciones personales a cargo del sociólogo Jacoby), "Superficies de placer" (otra letra de Jacoby, donde coquetean con el voyeurismo desde un ritmo latino muy eficaz) y "Encuentro en el Río musical". Esta última tuvo un videoclip de forma inesperada. Virus fue elegido por los participantes de un concurso de Coca-Cola (fueron los más votados) y recibieron como premio el financiamiento de un video, que fue este. En él, Federico no por azar ensaya una despedida hacia su público, con frases inequívocas como "De todo nos salvará este amor, hasta del mal que haya en el placer/"Prolongaré mi sonido azul, por los parlantes te iré a buscar...". 




Fue presentado en noviembre de 1987 con dos shows en Obras. Por el estado de Federico, hubo pocas actuaciones más (alguna presentación en el programa de Badía y un recital final en el Teatro Fénix (Hoy Teatro de Flores) el 21 de mayo de 1988). Luego, reclusión e intentos de aferrarse a la vida a través de medicina natural. No funcionó y poco pudo hacer el mayor de los hermanos de la banda por aportar a la misma en pos del siguiente trabajo. Apenas participó en la composición de dos temas que integrarían más tarde "Tierra del fuego", de 1989.

El 21 de diciembre de 1988 murió en su casa, en compañía de su madre. Su legado fue claro, quedó marcado a fuego en una generación que lo vio enfrentar públicos y mentes hostiles para mostrar que el rock podía bailar, salir de la solemnidad con letras irónicas y profundizar temas complejos desde estructuras pop. Todo esto sin perder la calidad sonora, la elegancia y el estilo. Un artista de la calidad de Federico Moura no podía cerrar su carrera con algo que no estuviese a la altura de su leyenda. Por eso las Superficies de Placer que oficiaron de despedida, siguen vigentes y merecen ser recorridas.






martes, agosto 08, 2017

Secretos en la montaña

Llegué a Ozark a partir de los trailers que la venían anunciando. La arranqué de casualidad la noche del 21 cuando subieron los diez capítulos. Que haya comenzado de madrugada consumiendo casi tres de ellos, habla en buena medida de la calidad del producto.

Esta serie trata de una especie de asesor económico llamado Martin Byrde (Jason Bateman), quien de un día para el otro pasa de tener una vida tranquila (si es que así se le puede llamar al hecho de lavar plata para el segundo cartel más grande de México) a sufrir por conservarla. Tiene un socio que se equivoca y ocasiona que sea él quien deba enmendar las cosas. Por azar o quien sabe qué, logra un salvoconducto: irse de Chicago hacia Ozark, un pueblo de las zonas montañosas de EE.UU. que apenas es digno para vacacionar o ir a pescar eventualmente.

Allí deberá ocuparse de lavar en lo inmediato ocho millones de dólares para probar que es capaz de sustentar el negocio y mantenerse vivo. Luego, le esperaban cifras muy superiores como desafío hasta salvar su cabeza. El problema es que en ese lugar sobra la gente con dobles y hasta triples intenciones, que no ve con buenos ojos que un tipo de la gran ciudad pueda usar su dinero libremente ahí. Y le van a hacer pagar de muchas maneras un derecho de piso. Hay personajes que sobran, pero varios otros que hacen sobrar al resto por lo intensos y bien laburados e interpretados que están. Mientras va lidiando con eso, sus hijos se tornan cada vez más problemáticos y se adaptan de forma dispar al entorno. Su mujer, con quien venía en una seria crisis, deberá acudir a su rescate más de una vez. Van poniendo a prueba constantemente los alcances de la relación.


La primer referencia obvia e ineludible es Breaking Bad. Por supuesto, ahí vemos a un hombre de vida apacible transformarse en un genio del mundo de las drogas y mafioso como pocos. Sin embargo, en Ozark tenemos a un tipo que accede a trabajar para narcotraficantes. No es llevado por las circunstancias, sino que se presta voluntario. Pese a eso, su rutina casi ni se ve alterada. Esta historia arranca de a poco, pero con la decena de episodios se permite ir al pasado, expandir el presente y atar cabos sueltos de tiempos no muy lejanos. No se vuelve predecible y mantiene la tensión hasta el final. Se desconoce si tendrá una (merecida) segunda temporada, pero se ganó por identidad propia que la primera sea un "la vi" multiplicado por miiles de veces.

sábado, julio 08, 2017

Bloodline, espesa como la sangre

Netflix estrenó la tercer y última temporada de este drama familiar, que se despide al nivel de toda la serie.

Cuando se anunció la salida de "Bloodline" en 2015, sabíamos que sería un drama en torno a una parentela que tenía "secretos". Poco de distinto respecto a cualquier telenovela mediocre. El resultado demostró que había más que intenciones: Los Rayburn realmente representaron todo lo oscuro que un clan puede ser. Y no lo hicieron desbarrancando y estrellándose, sino bajo la fachada de la familia ideal que nunca fueron. 

Por empezar, todo se desbarata cuando llega Danny, el hijo mayor y díscolo. La oveja negra que regresa a Los Cayos de Florida (donde todos vivieron siempre) para un homenaje de la ciudad a sus padres, ciudadanos ilustres. Sólo con su aparición, se reviven viejos rencores, recuerdos de los que ya no están y rechazos que persisten. Ben Mendelsohn se luce en ese papel de cínico querible y a la vez misterioso, que bordea el peligro pero es imposible odiar. Pone en jaque la estabilidad de John (Kyle Chandler), que es detective, el "hermano a cargo" y baluarte de esa sociedad. Los otros dos (Meg y Kevin), quienes lo siguen, se tambalean también.



De a poco Danny se inserta, pero nunca terminan de aceptarlo. Hace sus méritos para ser resistido, pero acarrea con mochilas que lo exceden. Desde ahí, las idas y venidas son constantes. Algunos personajes se van, otros desaparecen y la mayoría sobrevive. Ese es el término más apropiado, porque todo lo que pasa cerca de este grupo de parientes, sale dañado. La madre de esta tribu (Sissy Spacek) no en vano solloza en un capítulo "Creo que mi familia está maldita". Lo que mal nace, mal acaba. Misterio, mentiras, muerte, envidia, complejos, y sobre todo, potencialidades. 

La madre de esta tribu (Sissy Spacek) no en vano solloza en un capítulo "Creo que mi familia está maldita". Lo que mal nace, mal acaba

En "Bloodline", todos se enfrentan a lo que pudieron ser, mientras arrastran el peso de lo que son, resultado de lo que pudieron y el peso de los demás les permitió. Algunos terminan lidiando con lo que les tocó y otros se deshacen en culpas. Pero se valida todo (¿todo?) en nombre de la familia. El fin justifica los medios, aunque este sea una farsa que pierde sentido cada vez que es invocado.

Con 33 capítulos divididos en los tres mencionados años, esta serie rankea alto entre las historias de desdichados que hay que ver. Por realismo, crudeza, guión y actuaciones. Puede que por momentos cueste sobrellevarla por la intensidad de los males expuestos (y algún que otro personaje o capítulo sobrante), pero es un peso que se elige cargar. Como las penas heredadas.



domingo, abril 23, 2017

Henry, el de la guitarra

Como todos los años de un tiempo a esta parte, fui parte del BAFICI. Suelo relojear algunas opciones de mi interés, sacar un puñado de entradas y, (como corresponde), encomendarme a la buena fortuna para ver algo piola.

Cuando adquirí tickets para ver "Rock 'n' roll Of Corse!" supe que se trataba de un film sobre un tipo que había integrado "The Police" y no mucho más. Suficiente como para ir y dejarme llevar. 


Me encontré con un documental muy vertiginoso. Si bien uno cree conocer cierta escena londinense de los '70, cada vez que se vuelve sobre esos pasos, se descubre algo nuevo. Henry Padovani, hasta ahora un nombre lejano y difuso, se transformó en una referencia obligada a la hora de abordar el género "trotamundos musicales". Nacido en Córcega (de ahí la referencia en el título de la película), se mudó de adolescente a Londres e inmediatamente cayó en The Police. Claro que lo hizo en la versión punk, poco creativa y tímida que lideraba Stewart Copeland. Y en la que Sting apenas se animaba a salirse del libreto, recién llegado de un pueblo. 





Ahí el protagonista destacó más por su look y su sociabilidad que por su complejidad musical. La necesidad de expandir los muros creativos del grupo decantó en la llegada de Andy Summers y su alejamiento. No obstante, cuando se sumó a "Electric Chairs" (con un suceso interesante) convocó a sus ex compañeros como teloneros, algo acorde al Police de aquel entonces. El proyecto duró un par de años más, con relativo éxito.




Integró brevemente "Samurai", con el Topper Headon (percusionista despedido de The Clash) y Pete Farndon, bajista (también expulsado) de The Pretenders. El proyecto no prosperó por la muerte de este último, tras inyectarse una dosis de heroína. Headon también estaba complicado por esa misma situación, por lo que Padovani lo llevó a su pueblo natal y lo ayudó a rehabilitarse. Luego formó "The Flying Padovanis", una agrupación con el bajista de UK Subs y el ex baterista de Johnny Thunders y Joe Strumer. Mientras se embarcaba en ese tren, Miles Copeland (hermano del músico y representante) le ofreció ser vicepresidente de la compañía discográfica IRS. Aceptó y estuvo en ese cargo por diez años. Mientras seguía tocando, promovía artistas como R.E.M.




En 1994 volvió a incursionar en un terreno ajeno dentro del mundo musical. Se ocupó de representar a Zucchero durante más de cinco años. Arrancó nada menos que acompañándolo a Woodstock, donde el músico era el único artista europeo. El vínculo finalizó en 2000. Antes hubo una aparición del italiano tocando con U2 en un show. Padovani menciona en el documental que él había sido invitado pero cedió su lugar a su representado, lo cual éste (en teoría) nunca le agradeció. No sabemos qué tan cierto es el asunto, pero condimenta la historia.

Luego vimos que se reconcilió con el rol de músico del cual se había distanciado. Al volver a él, se dio empuje para grabar un disco solista bastante elogiado, donde contó con sus ex compañeros de The Police (quienes lo invitaron a cerrar el show de París en la gira de regreso) y varias figuras destacadas. Reunió a sus socios y reeditó "The Flying Padovanis" para despuntar el vicio y mantenerse en forma.


Habla de The Police sin rencor, sabiendo que aportó lo suyo y luego las cosas tomaron un rumbo lógico. Jamás se mostró melancólico ni se reprochó nada: "Toqué con quienes quise, ya que me daban ganas de hacerlo con los que iba conociendo e iba forjando una amistad", aseveró tras la exhibición de este film de Lionel Guedj y Stéphane Bébert. 

Esa fue la frutilla del postre, verlo hablar en persona. Se expresó como lo vimos en la pantalla: mirando hacia adelante y disfrutando lo vivido con con una sonrisa. "Todo el mundo dice que los punks éramos violentos, pero, básicamente, éramos hippies, en el sentido de que hacíamos lo que deseábamos hacer...Yo nunca quise ser un número uno; solo quería ser músico". No muy distinto a aquel adolescente que se la pasaba tocando la guitarra en una isla de Francia.



martes, abril 18, 2017

Tiempos anfibios para volar

El miércoles 29 de marzo fui al Luna Park a ver el espectáculo que el Cirque du Soleil hizo sobre Soda Stéreo. Obviamente, en la previa se revelaba como una experiencia bastante particular. Se trata del primer tipo de espectáculo de esta índole donde la temática está direccionada hacia el público latino, especialmente para nosotros los argentinos y más aún, los fans de Soda.


Fue en 2013 cuando Daniel Kon (manager de la banda), Diego Sáenz y Roberto Costa (ambos de Pop Art) se propusieron concretar este espectáculo. Salían de ver el que se hizo en torno a Michael Jackson y esbozaron una idea similar respecto a la banda argentina. Tras la aprobación de Zeta y Charly (quienes se involucraron bastante en el proyecto, sobre todo en lo musical), se fue a fondo. Pero recién en 2015, luego de arduas negociaciones y estudios de viabilidad por parte de la compañía francesa (que dieron un resultado altamente positivo), se pudo firmar. Dicen que en un momento las autoridades reunieron a su staff latino y les mencionaron dos palabras para medir su reacción. Luego que los labios de uno de los ejecutivos soltaran un "Soda Stéreo" y la euforia se desatara entre los empleados, las dudas se desvanecieron definitivamente.



El show cuenta con artistas de dieciocho nacionalidades y solamente tres son argentinos. Es una actividad interesante "jugar" a descubrir quien podría ser de acá y quien no. En muchos de los casos se nota un apasionamiento absoluto por la música que suena a punto tal que se descuenta una familiaridad con ella. No caben dudas que el equipo (con treinta y cinco personas en escena y cuarenta y tres fuera de ella) hizo propias las canciones.


Pese a que el adelanto de las canciones vía Spotify podía quitarle sorpresa al desarrollo, nada de eso ocurrió. La música (todas reversiones y mash-up) va sorprendiendo de la mano de las coreografías y las interacciones, así como (si estás en el campo) acompaña los movimientos que el espectador debe realizar en su doble función de público y "parte del show". Show que se inicia con un muchacho encerrado llamado L’Assoiffé (El Sediento) que según Michel Laprise (director) viene a simbolizar cierta opresión. Podría leerse eso como el final de la dictadura militar, época en la que Soda veía la luz con su primer disco (1984), aunque luego la temática pierde linealidad y no hay una idea fija. El canadiense vino a ver la tumba de Gustavo Cerati y pidió expresamente conocer la habitación donde pasó su infancia y adolescencia. Ahí linkeó con el gusto del cantante por la ciencia ficción y los componentes cósmicos (reflejados claramente en parte de su obra). De a poco el espectador se mete en ese universo circular donde se suceden los himnos que todos conocemos y se apela a la emotividad. Son distintas secuencias, no siempre ligadas entre sí, pero muy precisas, acordes a la melodía. Es una idea creada para conectar a los fans con la banda que los hizo vibrar. Y por supuesto, se vibra.


Difícil precisar el golpe de efecto más notable. Hacia el final, se suceden largas ovaciones ante cada miembro del equipo, haciendo imposible delimitar preferidos. Sería imprudente también narrarlos en esta reseña habiendo tantos que aún no pudieron  verlo. No falta, eso sí, el cierre obvio pero infaltable con "De música ligera". Viene a recordarnos que de la banda que marcó nuestras vidas nada nos libra, pero contrario a lo escrito por Gustavo, todavía mucho nos queda.

jueves, agosto 11, 2016

Periodismo de periodistas de escuelas de periodismo.


Ingrid Beck y Paula Rodríguez son dos periodistas recibidas en TEA que hoy dirigen TEA ARTE. Ambas fueron caras visibles de "Ni una menos" (Beck como portavoz, Rodríguez como autora del libro homónimo). En estos días son noticia por el escándalo desatado a partir de las declaraciones de Gustavo Cordera en una charla de la institución que comandan.

El tema trascendió desde la difusión de algunas frases por el posteo de un alumno. Cuando el ex líder de Bersuit dijo las barbaridades que emanó, la primer respuesta del establecimiento fue espantosa. Salieron a decir que hay una "norma explícita de no publicar el contenido" de las prácticas. Una escuela de periodismo cuestionando que un pibe haga periodismo. Obviando la enorme trascendencia y gravedad de lo que se había dicho. Después, borraron con el codo lo que escribieron con la mano. Tras señalar la obligatoriedad de "no divulgar" y verse acorralados porque en la web SI hay muchísimo material de otros invitados (subidos por TEA), salieron a dar las explicaciones que en el primer comunicado dijeron que no iban a dar. 


Ingrid Beck se paseó por todas las radios y programas de TV, aprovechando sus amistades, que no sólo le brindaron espacio sino que le tiraron todos los centros posibles, recordándole a la audiencia su valía por haber accionado contra la violencia de género. Buscando sacralizarla, como si las buenas acciones te eximieran de todo error futuro. Ambas fueron defendidas intensamente ayer por la cofradía periodística progre y por la feminista también, pese a que ambos espacios fueron de los más perjudicados.


Está claro que fue un error no accionar y es válido disculparse. Pero antes que la información circulara, TEA ARTE le agradeció a Cordera por la entrevista y no exhibió cuestionamiento alguno. Cuando tomó estado público, primero eligió cubrirlo, amparándose en un burdo reglamento que no tiene razón de ser en quienes enseñan a manejarse en los medios. Después, llegaron las excusas y hasta un poco de victimización, teniendo que leer que se buscaba deslegitimar su lucha feminista o que se las atacaba a ellas (por mujeres) más que al propio músico. El cantante tuvo su escrache público ayer y lo seguirá teniendo, de hecho hasta le cancelaron contratos. TEA, como institución, debería hacerse cargo del mamarracho de ayer, donde cuidó las amistades (con sus invitados) por sobre la ética periodística.

Sus directoras, de mínima, deberían dejar de ser las exponentes de "Ni una menos". Eso, si pensaran en lo importante del asunto y lo mucho que lo daña lo que avalaron, por acción u omisión.

martes, marzo 01, 2016

Medicina para machos

BigBang News, el reciente emprendimiento virtual de Jorge Rial, lleva su sello. Como buen machista y retrógrado, tiene "periodistas" que se ocupan bien de cubrir los acontecimientos recientes en Ecuador juzgando y culpando a las víctimas. Pero, para legitimarse (y tal vez, evadir responsabilidades), nada mejor que consultar a un "especialista". El solicitado en cuestión es el Doctor Hugo Marietan.


Esta eminencia concluye en que las chicas "propiciaron" el crimen, corriendo "altos riesgos". No encontré eso ("víctima propiciada") como una patología muy desarrollada, si lo ubiqué cercano al concepto de "sacrificio" dentro del marco religioso. Pero no seamos prejuiciosos, no nos detengamos en esto, porque el Doc tiene mucho más para decirnos. En su página, donde habla de psicopatía tanto y de formas tan variadas que nos hace dudar de su estabilidad emocional, vuelca ideas como estas:


"El tema es que esta mujer que se hace llamar Dante es, desde el vamos, una atípica. Alguien que no acepta su esencia biológica. Partiendo de esa base, su psiquis no puede ser la de un ´normal´"

"Así que, si quiere vivir algo tranquilo junto a una mujer, el secreto es milenario: disfrútela y olvídese de entenderla. Si ve alguna conducta rara, para usted (para ella seguramente es de lo más normal), échele la culpa a la Luna y sus ciclos, a la menstruación, a que hace frío, o calor, o que está en la llanura, o en la montaña, pero nunca, nunca le eche la culpa a ella: PELEA SEGURO, Y A LOS GRITOS."

"Sin que ella se dé cuenta, y jamás se lo diga, anote su fecha de menstruación, el primer día, por lo general esto se repite cada 28 o 30 días. Y no es sólo por el tema del embarazo (use profiláctico, póngaselo antes de salir para la casa de ella), sino porque una semana antes ellas tienen “esos días” en que se vuelven un tanto raras y más incomprensibles y batalladoras, de lo habitual. Así que esta semana también debe estar agendada con anticipación. Le diré una frase que ellas odian escuchar de un varón: “estás así porque estás por menstruar”. No la diga. Sufra y calle."

 
¿Es casual que "medios de comunicación" así de mediocres, amarillistas y funcionales utilicen a médicos con semejantes desordenes para validarse?

Para argumentos enfermos, justificaciones enfermas. Todo cierra

martes, diciembre 15, 2015

EL INADAPTADO

Morrissey volvió a la Argentina luego de una visita frustrada y reafirmó que su militancia y elegancia conectan perfectamente con el público argentino.

Mucha gente se acercó al Luna Park el pasado jueves 10. El estadio lucía lleno a las 21, horario pautado del show. Durante la media hora de "demora", se contemplaron distintos artistas, desde Ike y Tine Turner hasta los New York Dolls, pasando por los Ramones y Anne Sexton. 


  

Luego apareció él. Presentación de rigor, saludo y enseguida sonó "Suedehead". Steven Patrick Morrissey volvió y encaró los shows con un temazo de arranque, como para que no tuvieramos dudas de quien lideraba ese concierto. El cantante británico apareció con una camisa blanca y holgada, aunque su estirpe claramente no depend de la prenda que lo vistiera circunstancialmente. "Alma Matters", "This Charming Man", "First of the Gang to Die" y "You Have Killed Me" cayeron como una ráfaga de hits que no le dieron respiro a nadie. En la última de ellas, Pier Paolo Pasolini, estrella invitada de la canción, decoró las pantallas. La banda sonó aceitada y Moz estaba a full.


"World Peace Is None of Your Business" y "Speedway" sirvieron para bajar un poco la euforia (no todos las conocían) y antecedieron a las festejadísimas "How Soon Is Now?", el clasicazo de The Smiths y "I'm Throwing My Arms Around Paris". El show se acercaba a la mitad y el inglés tuvo tiempo para sorprender por segunda vez a la audiencia local entonando el estribillo de "Morrissey" de Leo García, quien confesó tener cierto vínculo con el oriundo de Manchester. 


Antes de "Mama Lay Softly on the Riverbed" Morrissey osó comentar que teníamos un nuevo presidente. Cuando preguntó a la audiencia si les gustaba, recibió un "no" estruendoso. Había elegido un mal día para hacer esa pregunta. Cantó la canción y luego volvió a la carga con un monólogo 100 % suyo: "Me quedé pensando en que no les gusta el presidente. Pero está bien que no les guste. No les puede gustar. Tiene que cambiar el régimen, todos tienen que cambiar, presidentes, primeros ministros, todos cortados con la misma tijera......MIERDA, MIERDA....." Y luego de la merecida y obvia ovación, llegó el esperadísimo "Everyday is like sunday"

Morrissey cantando
"Everyday is like sunday"

"The Bullfighter Dies” obligó a mirar nuevamente las imágenes de fondo, que mostraban corridas de toros y la violencia que de ellas emerge. Moz nunca declina a la hora de reafirmar sus posturas. Cada uno de sus shows las evidencia, tanto en la música como en lo visual. Después de volver a Smiths con “What She Said”, fue el turno de "Meat is murder", que retomó la senda militante. Los videos de animales siendo cruelmente asesinados se fusionaron con la intensidad de la voz y dieron como resultado una verdadera y elocuente afirmación. El mensaje final fue en español: “La carne es asesinato, ¿cuál es tu excusa ahora?”, sin dar lugar a interpretaciones erróneas.


"Let Me Kiss You" y "I Will See You in Far-Off Places" marcaron el final. Pero había un bis que todos los presentes conocían y ansiaban: "The Queen is dead", tema del disco homónimo, que ofició de cierre con la reina haciendo "fuck you". Su ex banda fue un gran complemento a su enorme y nutrida carrera solista. No cualquiera es capaz de conjugar pasado y presente, manteniendo ideas coherentes. 



Todos los enemigos del artista lo acompañaron en forma de canción: la realeza, el maltrato animal y los gobiernos. El público aplaudió a rabiar y casi no pidió más, aunque no era tarde y varios clásicos habían quedado afuera. El cantante, ya cambiado (había arrojado su camisa a los afortunados que estaban cerca del escenario) se despidió sobriamente. No hay certeza de un regreso, pero quedó flotando en el aire esa rebeldía tan encantadora como firme. Nadie se va indiferente tras haber conocido a Steven Patrick Morrissey





sábado, diciembre 12, 2015

UN DIA EN LA JUNGLA

Boca eligió autoridades luego de cuatro años. Lejos de ser un mero acto eleccionario, estar en La Bombonera ese día fue meterse en la jungla política xeneize.

Durante meses en Boca, aún con la disputa del torneo local y la Copa Argentina, la fecha estaba marcada. El 6 de diciembre era un día clave, y fueron demasiados los que depositaron ahí su mirada. Hubo festejo local por partida doble (más allá de los incidentes y los pésimos arbitrajes en el medio). Pero luego de varios días de silencio deportivo, había que votar.



Los candidatos eran tres. Daniel Angelici, el presidente en ejercicio. Resistido, discutido y odiado en proporciones similares. El que echó a Bianchi y ocasionó la salida de Riquelme. El que provoca constantemente, llegando al punto de querer abandonar La Bombonera en pos de unos petrodólares. Otro es José Beraldi, ex dirigente que goza de la simpatía del actual mandatario y funciona más bien como "lista colectora". Ambos ya se han profesado mutuo cariño y prometieron trabajar juntos. El tercero es Amor Ameal, presidente anterior al triunfo de Angelici en 2011. Asumió como vice de Pompillo tras su muerte y su "superavit récord" no le permitió perdurar ante la aparición de Mauricio Macri apoyando a su delfín.



El día para este cronista arrancó tarde, el acceso a La Bombonera fue alrededor de las 16 hs. Esta vez no hubo que sortear controles ni evitar algunos accesos, por lo que ingresé por un sector que habitualmente me está vedado. Voté rápidamente sin problemas. El trámite era simple y bien organizado. Había dos carpas llenas de mesas, en las que convivían entre cuatro y seis personas encargadas de controlar a los votantes y dar acceso a una pequeña cabina con las tres boletas. En cuestión de minutos, ya estaba todo resuelto.

Previo a eso me crucé a los personajes itinerantes que se llevaban los flashes. El Patrón Jorge Bermúdez andaba dando vueltas y dejándose mimar por cientos de hinchas que le dificultaban seriamente el paso. Vestido con la camiseta número 2 de la consagración continental de 2001, lograba su propósito de remitir a tiempos felices. Logré darle la mano y desarle "suerte", ante la imposibilidad de exteriorizar alguna otra frase más coherente. Me devolvió una mirada firme y serena, que dejaba entrever una leve sonrisa. La tomé como una mirada de certeza, propia de un caudillo. A pasos de él, saludé a Mario Pergolini, candidato a vicepresidente de Ameal y compañero del ex jugador colombiano. Hubo tiempo de ver a Aníbal Matellán (de la misma lista), a Raúl Cascini acompañando a José Beraldi, al propio Amor Ameal e incluso a Diego Soñora, ex jugador de una generación anterior.


 

Curioso fue encontrar a personajes como Leopoldo Moureau y al ex candidato a vicepresidente de la nación, Carlos Zannini. No se les conoce adhesión pública a los candidatos, pero son presencias que no pasan desapercibidas. Ninguno de los dos parecía contar con una protección especial, contrariamente a José Beraldi, que además de estar secundado por Cascini, tenía varios muchachos fornidos a su alrededor.



Luego de explorar las carpas y suponiendo que no había mucho más por descubrir, ingresé al club y revisé por twitter las novedades y declaraciones que me estaba perdiendo debido a mi estaticidad. Me percaté de que era posible ingresar a La Bombonera para sacar fotos un breve lapso de tiempo. Aproveché la oferta, sin dejar de preguntarme cómo es que el presidente que pretende jubilar dicho estadio se encarga de promover sus bondades y estimular la atracción que genera el mismo.


Entré a la cancha y aproveché esos minutos para llevarme unas fotos de ocasión. Al terminar ese recorrido, no había más opción que salir por otro acceso, imposibilitado de volver a entrar al club. Al hacerlo, me dispuse a irme, pero leí en las redes sociales algo que me frenó: Juan Román Riquelme daba a conocer (con sus formas, a través de terceros) que se estaba dirigiendo a votar al club. Semejante anuncio cambió los planes. Di la vuelta y volví a ingresar.


Para cuando pude hacerlo, ya eran muchos los alertados. Unas cincuenta personas estaban fijas alrededor de la mesa 54, esperando al ídolo. Pese a los pronósticos, cerca de esa área me crucé con el otro candidato, el de menor afinidad al jugador: Daniel Angelici finalmente se dejó ver por esa zona, cuando no se habían tenido noticias suyas desde que a la mañana se había mostrado con Carlos Tevez, su principal slogan de campaña.


Minutos más tarde, llegó El 10. Se revolucionó la carpa, y unas 150 personas se vieron desbordadas por las pasiones: La propia y la de sus laderos. Riquelme casi no podía avanzar. Iba con una gorra y un mate, rodeado de un par de protectores que intentaban ponerlo a salvo del amor desenfrenado. Fue imposible sacar una foto clara o filmar el momento, dado que la estabilidad en ese momento era una palabra meramente decorativa. En ese lapso sólo hubo lugar para cantos de aliento e insultos a Angelici, que se multiplicaron con fuerza.


Luego del caos, volvió la paz. Hubo algunos mínimos cruces y algún amago de reacción, pero quedó ahí. La jornada electoral estaba apagándose y no era cuestión de hacer estallar el equilibrio que tanto costó sostener durante el día. Los miembros de las agrupaciones son socios hace mucho y se conocen bien, en la mayoría de los casos. Las broncas, pasan por otro lado, más bien alejado de los cruces sin sentido. Ahí, tras el telón bajado ante la ida de Román, determiné que mi jornada se había acabado. Fueron un par de horas, pero permitieron comprender la dinámica y la maquinaria que hacen girar la política del club. Ver las charlas, escuchar los rumores, las traiciones, las internas y los planes que se tejen en Boca es un botón de muestra de engranajes más grandes, aunque no debe pensarse que éste no lo sea. Fue una elección récord a la que asistieron 26.136 socios, cifra inédita en votaciones de instituciones nacionales.




Finalmente se consagró Angelici, apoyado fuertemente por los vitalicios y la gente del interior, aunque con otras adhesiones más. Ameal hizo una buena elección, pero los votos de Beraldi (en teoria, opositores), minaron sus chances. El presidente reelecto sorteó con éxito la anulación de algunas urnas, los carnets truchos y la acusación sobre traer socios del interior solicitándoles su voto (vaya uno a saber con qué recursos). Tampoco importó que haya dejado a unos 2000 hinchas fuera del partido consagratorio de Boca contra Tigre o que haya dado de baja al voley por "no ser rentable". Las idas de Bianchi y Riquelme está más que claro que tampoco influyeron.



Me retiré del club con un halo de ilusión. Creí que Román podía haberse equivocado con aquella tendencia de que el oficialismo iba a ganar "porque tenía todo comprado". Como dentro de la cancha, fue extremadamente preciso. Con esa exactitud, murieron las escasas chances de volver a verlo con la camiseta del club y quizás varias cosas más. Pero fue "una fiesta democrática, la expresión del voto popular". Aquello que dicen los que ganan o los que están con el tenedor y el cuchillo a la espera de sacar tajada. Muchas veces, ambas cosas conviven en las mismas personas.